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martes, 15 de septiembre de 2009

Reemplazo urgente

Hará cosa de un mes que me topé en la librería con una auténtica ganga: Apologías y rechazos, del argentino Ernesto Sabato. Se trata de una colección de breves textos publicados en revistas y periódicos en la década de 1970. En el 79 Sabato los reunió a petición de sus allegados. Y cuarenta años después se me aparecieron en las manos. Lo más sorprendente de todo, es la frescura y la vigencia de las palabras de su autor en ensayos como "Educación y crisis del hombre", donde escribe:
«No es pues descabellado ni utópico sostener que aun dentro de esta misma civilización en crisis pueden irse forjando los instrumentos que permitan reemplazarla por una sociedad mejor. [...] La nueva escuela debería ser un microcosmos en que el niño se preparase para una auténtica comunidad, la que supere esa antítesis en que hasta hoy nos debatimos: o un individualismo que ignora a la sociedad o un comunismo que ignora al hombre.»
Ninguno de los ensayos tiene desperdicio, pero dos resultan particularmente entrañables y oportunos en tiempos de transición como los que vivimos. Me refiero a los dos textos biográficos del volumen: "El desconocido Da Vinci" y "Pedro Henríquez Ureña". En ambos, Sabato explora las dimensiones racional y sensible del ser humano, reflexiones que vienen a dedo cuando no terminamos de comprender que somos sujetos sujetos multidimensionales, bastante más complejos de lo que creemos.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Sobre el otro lenguaje

Necesitamos un lenguaje para la experiencia, para poder elaborar (con otros) el sentido o el sinsentido de nuestra experiencia, la tuya y la mía, la de cada uno, la de cualquiera. [...]

La experiencia exige otro lenguaje, un lenguaje atravesado de pasión, capaz de enunciar singularmente lo singular, de incorporar la incertidumbre.

Jorge Larrosa, "Una lengua para la conversación" en Mensajes E-ducativos desde tierra de nadie (compilación de Jan Maaschelein y Marten Simons)

lunes, 16 de junio de 2008

Divagaciones en torno a las posibilidades de «educar»

Llevo ya varios meses debatiéndome conmigo mismo en tratar de entender cuál habría de ser mi «labor», mi «tarea», mi «misión» como educador. El planteamiento mismo de la interrogante encierra ya una serie de supuestos. El más evidente (por trivial que parezca) es ya de entrada poderoso: preguntarse por cuál es implica que, sea lo que sea, al menos existe. Otras creencias, más ocultas, menos explícitas, subyacen en la pregunta. Creencias que posiblemente son parte constitutiva de la idea de «educar».

Por momentos, puede parecer que la crisis de identidad que vivo como «pedagogo» me tuviese agobiado. Quizá ha sido así por instantes. Pero no en lo general. Al menos no en el sentido del agobio que paraliza, que ciega, que paraliza, que duele. No. Si me detiene es, en todo caso, para ir más lento, pero no para dejar de caminar. Caminar. Una de esas «categorías» que empiezo a explorar. Como «ver» o «leer» o «pensar».

El yo educador, el yo pedagogo, que hoy intenta revelarse (rebelándose, quizá) no es del todo nuevo. Parece que ha existido en mí de tiempo atrás. Ha tenido momentos de lucidez y se ha mostrado en más de una ocasión. Pero ha sido silenciado las más de las veces por ese otro yo, más preocupado por los lenguajes de lo cotidiano o de lo revolucionario. Me parece que, ante la contundencia de la realidad, del día a día, eso es inevitable. No pretende, pues, sustituir de raíz a unos por el otro. Pero sí quisiera que encontrarán mayores oportunidades de diálogo. Algo se habrá de ganar.

Y en eso ando.

Por lo pronto, quisiera compartir algunas ideas que me han permitido conversar conmigo esta tarde. Y que me han dejado con ganas de conversar contigo. 

Escribe Jorge Larrosa que en el campo educativo se han venido configurando en las últimas décadas dos lenguajes dominantes: el de la técnica (que piensa la pedagogía como ciencia aplicada) y el de crítica (que la piensa como praxis reflexiva); y añade que estos lenguajes van quedando vacíos y haciéndose impronunciables. Lo primero, porque parece que solo gestionan "lo que ya se sabe, lo que ya se piensa, lo que, de alguna forma, se piensa sólo, sin nadie que lo piense, casi automáticamente", como si ya se hubiese dicho todo lo que fuese posible decir. Lo segundo, por el carácter arrogante, totalitario, que asumen cuando señalan como obligatorias "tanto una cierta forma de la realidad (junto con la forma de la verdad que es su correlato) como una cierta forma de la acción humana." Larrosa sugiere la necesidad de contar con otro lenguaje. Uno que recupere la experiencia. Un lenguaje para la conversación.

Al margen. Dejo aquí ideas sólo esbozadas, creo. Y me propongo en estos días extender este ejercicio, incluyendo las referencias bibliográficas correspondientes, que aquí me parecieron forzadas, inoportunas.

sábado, 31 de mayo de 2008

Sustentabilidad y Educación

Hoy hablamos con insistencia del papel de la cuestión ambiental en educación. Pero, ¿desde dónde estamos haciéndolo? ¿Qué concepto de desarrollo sustentable respalda nuestras intenciones? La eminente Vandana Shiva (sobre quien ya he comentado en entradas previas) plantea valiosas ideas sobre la relación entre sustentabilidad y educación, en esta charla impartida en la Michigan State Univesity en 2005.

El video dura en total 75 minutos, aunque la charla termina realmente en el minuto 55 (el resto es la sesión de preguntas y respuestas). Si dispones de poco tiempo, sugiero en particular dos fragmentos:

En 10 minutos, del 27:40 al 37:50, encontrarás algunas ideas centrales pero, sobre todo, espero encuentres una Shiva que te invitará a volver al material completo cuando tengas más tiempo, o acercarte a ella a través de la lectura de alguno de sus libros.

Las conclusiones de la charla, del 50:45 al 54:20, también sintetizan claramente ideas importantes del pensamiento de esta gran mujer.